Desde hace años, el inicio de la Navidad se adelanta en el calendario. En octubre ya se hace evidente en los supermercados: aparecen dulces, turrones y promociones de productos navideños. Pero el ritmo se vuelve mucho más intenso a partir de Todos los Santos, cuando arranca la conocida campaña del Black Friday: ¡Aprovecha la oportunidad!, ¡No lo dejes pasar!, ¡Es ahora!, ¡Compra con grandes descuentos!. Poco a poco aumentan los estímulos y esa sensación de que “ya toca” empezar con los preparativos y las compras. Y es que, en esta sociedad, la Navidad va cada vez más de vender y comprar que de recogerse, compartir tranquilamente y descansar, justo como nos invita el inicio del invierno.
El otro día crucé el centro de Valencia por casualidad, de camino a una pequeña sala de teatro; hacía mucho que no pasaba por allí. Era sábado por la tarde, 22 de noviembre, y me sorprendió la cantidad de gente que paseaba. Las luces de Navidad ya estaban encendidas y los comercios tenían sus decoraciones listas. Solo recordaba ver la ciudad tan llena durante Fallas, unas fechas en las que también hace mucho que no paseo por el centro. Aquella multitud, tantos estímulos y una vaga sensación de urgencia me saturaron, se respiraba un ánimo extraño, como si estuviera ocurriendo algo que no te puedes perder.
Después de esa tarde y de los días posteriores, al observar este acelerón navideño, me vino una imagen, pareciera que, al llegar estas fechas, nos subimos a una cinta transportadora. Avanza sola y va colocándonos delante planes, regalos, cenas, compromisos, expectativas. Es fácil subirse sin darse cuenta: empezar a comprar “por si acaso” y terminar entrando en un modo automático de compras y eventos que no se detiene hasta que se acaban las fiestas.
Además, en estas fechas aparece otro fenómeno: aumenta el trabajo en consulta. Aparecen nuevos pacientes y la agenda se completa incluso antes de que empiece diciembre.
No todos los motivos de consulta son iguales. A veces pesan los cierres de año en el trabajo, con su carga de estrés. Otras veces es una sensación de cansancio que se arrastra desde hace meses y que, justo ahora, se intensifica. También están los duelos y las pérdidas, las ausencias se notan más cuando se acerca la idea de celebrar. Y, por supuesto, la proximidad de encuentros familiares o sociales que generan tensión, comidas en las que coincidimos con quien preferiríamos evitar, o el deseo de pasar una velada tranquila, sin conflictos, sin tener que sostener conversaciones forzadas ni dinámicas que desgastan.
A nuestras circunstancias se suma un mandato silencioso pero persistente: “no puedes faltar”, “deberías estar bien”. Como si la Navidad viniera con un guión emocional obligatorio. Y el cuerpo, que no entiende de guiones, registra cada uno de estos procesos y demandas. Por eso, a veces llegamos agotados a unas fechas en las que parece que, además, tenemos que darlo todo.
Creo que nuestro malestar empieza muchas veces cuando sentimos que dejamos de elegir, cuando las obligaciones pesan más que los deseos y las necesidades. En diciembre esto nos puede ocurrir cuando terminamos comprando sin saber muy bien por qué, cuando aceptamos planes solo por compromiso, dicho de otro modo, cuando nos dejamos llevar por esa cinta transportadora con una sensación de descontrol.
Por eso, cada año vuelvo a unas preguntas que me ayudan a cuidarme: ¿Qué quiero hacer estas fiestas… y qué no? ¿Cómo las quiero pasar? ¿Con quién? ¿Qué necesito de verdad?
Cuando nos escuchamos con honestidad, casi nunca aparece “necesito más cosas”. Suelen aparecer palabras como descanso, calma, conexión real, límites, tiempo.
Si me quedo con una sola idea, es esta: no quiero que diciembre me lleve en la cinta transportadora. Quiero poder elegir qué tomo y qué dejo pasar.
Además hay otra pregunta que, a mí me guía y da dirección ¿Qué necesito para terminar estas fiestas sintiéndome más cerca de mí… y no más lejos?
Espero que hacerte estas preguntas te sirva para tomar las decisiones que te permitan detener esa cinta y bajarte en los momentos que elijas y puedas sentir algo de control es una época que tanto nos distrae de lo realmente importante.
Si te quedas con ganas de más, te invito a leer mi artículo anterior sobre la Navidad, una reflexión sobre estas fechas y cómo atravesarlas con más calma.







