La llegada de un bebé es un nuevo comienzo, un cuaderno en blanco en el que empezar a escribir. Pero no solo nace una criatura. También nace una nueva identidad en quienes la cuidan. Daniel N. Stern habló del nacimiento psicológico de una madre cuando nace un bebé. Me tomo aquí la licencia de llevar esta idea también al terreno de la paternidad, porque cuando nace un bebé, también nace un padre.
Para muchos padres, ese comienzo trae también la posibilidad de preguntarse cómo quieren estar en la vida de sus hijos y qué condiciones desean ofrecer para que esa vida se abra paso con sus cuidados.
No se trata de tener un plan cerrado o un proyecto diseñado para los hijos. Se trata de poder ofrecerles oportunidades para explorar, crecer y aprender con seguridad y presencia. De acompañarlos en el inicio de una historia que tendrá su propio nudo y final abierto.
Sabemos, sin embargo, que esa nueva historia se nutre también de otras que ya existieron antes. Cuando un hombre se convierte en padre, llega a ese lugar con su propia historia familiar, con modelos que ha interiorizado y que, inevitablemente, influyen en su manera de criar.
Durante mucho tiempo, los referentes de paternidad han estado más ligados al sostén económico o a la autoridad que a la presencia emocional, el cuidado cotidiano o la disponibilidad afectiva. Muchos hombres han crecido viendo padres que estaban, pero que no siempre podían mostrarse vulnerables, nombrar lo que sentían o implicarse en la crianza desde un lugar cercano. Sin embargo, hoy muchos padres sienten el deseo —y también el desafío— de construir una forma de estar más consciente, más presente y más conectada.
Algo que he escuchado muy a menudo en los padres con los que he hablado es la falta de referentes inspiradores, paternidades en las que mirarse, apoyarse o reconocerse.
“¿Qué quiero repetir de mi historia con mis hijos?”
“¿Qué elijo evitar?”
Estas son algunas de las preguntas frecuentes que muchos padres se hacen al tener un hijo. A menudo ocurre que tienen más respuestas para la segunda pregunta que para la primera. Tienen más claro qué no quieren repetir, pero no siempre cuentan con suficientes referentes que les ayuden a imaginar qué tipo de paternidad sí desean construir.
Otro comentario que escucho mucho entre madres es que ellos no siempre tienen espacios donde compartir cómo se están sintiendo en su nuevo rol. Nosotras, en muchos casos, encontramos más conversaciones, más lugares donde hablar de lo que nos pasa.
En cambio, ellos a menudo expresan frases como: “Me encuentro muy solo”, “Mis amigos han desaparecido desde que soy padre” o “No sé con quién compartir esto que me pasa”.
Muchas veces, esto llega a mi consulta en formato individual, como una necesidad de abrir un espacio donde poder poner palabras a todo lo que se mueve cuando un hombre se convierte en padre.
Por este motivo hace mucho pienso en realizar un grupo de padres, de la misma manera que facilito grupos de madres. Pero en mí existía la creencia de que quizá no interesaría, de que quizá no saldría adelante. Sin embargo, en mayo recibí una petición concreta: “¿Realizas talleres para reflexionar sobre la paternidad?” “¿Conoces algún grupo al que pueda unirme?”.
Y entonces me di cuenta, de nuevo, de que la necesidad existe. De que debe de haber muchos hombres que necesitan hablar de todo lo que les pasa al ser padres, igual que C., que me escribió tan interesado. Y de que estaba en mis manos crear esta oportunidad para todos aquellos hombres que sientan la necesidad de compartir lo que les pasa.
Así que por fin le he dado forma a este proyecto, que reconozco que me hace mucha ilusión. Durante este tiempo he podido acompañar en sesión a muchos hombres en esta transición a la paternidad y, en todos los casos, han sido procesos en los que hemos hecho un trabajo psicoterapéutico precioso.
Por eso tengo la convicción de que un formato grupal puede ser de gran apoyo para quienes participen. Un grupo para hablar de todos esos temas que aparecen con fuerza al convertirse en padre, para reflexionar sobre los cambios que llegan, compartir experiencias y construir modelos propios desde los que acompañar a sus hijos.






