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Psicología, Psiquiatría, Neurología: el software y el hardware

por David Picó el enero 17, 2012

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En los ordenadores hay una distinción muy clara entre la parte física de la máquina y la parte que se compone de información. En inglés esto se ha bautizado con los nombre de hardware (literalmente, “herramientas de ferretería”, de hard, duro, y ware, conjunto de utensilios) y software (juego de palabras con soft, blando, que vendría a querer decir “conjunto de utensilios blandos”). El hardware del ordenador es todo lo material que hay en él: los circuitos, los cables, los chips, las pantallas, el teclado… todo aquello que se puede tocar. El software es lo intangible: los programas, el sistema operativo, los datos de las bases de datos, los documentos… todo aquello que está guardado en forma de unos y ceros.

El software es información y, en general, tiene una plasmación física muy volátil. Un libro escrito en papel tiene una parte física, el propio papel, y una parte de la información, lo que dicen las letras impresas en él. Esas letras impresas están “fijadas” de alguna manera y pueden perdurar. En los ordenadores las “letras”, los números, la información, pueden estar más o menos fijados, como lo están cuando se graban en un CD, pero es más habitual que sean información volátil. La sostienen impulsos eléctricos que pueden desaparecer de un momento a otro y convertirse en otra cosa. La información en los ordenadores, en particular en los ordenadores conectados en red, tiene un cierto comportamiento parecido a una ola en el mar. Se desplaza de un lugar a otro sin que haya desplazamientos de materia. Los libros los tienes que transportar de un lugar a otro. Los unos y los ceros viajan por los cables sin necesidad de un sustrato físico que se desplace: se transmiten, se copian, se almacenan temporalmente en un almacen temporal de impulsos eléctricos, y viajan a otro lado. Pueden cambiar con facilidad. Son un proceso en movimiento. El hardware crea las condiciones para que se haga posible el baile de la información, el baile del software. En dispositivos electrónicos sencillos, como las lavadoras, el hardware prácticamente lo hace todo, no hay flexibilidad: los programas de lavado son éste y éste y no hay más que hablar. Una lavadora tiene un comportamiento rígido; mucho hardware y poco software.

¿De qué manera nos puede servir esto como metáfora para entender mejor cómo funcionamos los seres humanos? ¿Cuál es nuestro hardware? ¿Cuál es nuestro software?

Nuestro hardware

El sustrato físico que permite que manejemos información es el sistema nervioso. El cerebro es el aparato central. Desde el cerebro salen por todo el cuerpo los nervios, que son los “cables” por los que la información se desplaza. Hay nervios que transmiten información de los órganos sensitivos (la piel, los ojos, etc.) hacia el cerebro, y nervios que transmiten información del cerebro hacia, por ejemplo, los músculos, y les informan de cómo deben moverse. Dentro del cerebro hay una complícadísima arquitectura de lóbulos, órganos, centros, etc., que realizan diferentes funciones: el cerebelo, el tálamo, la corteza cerebral, el hipocampo, etc. Los nervios y los tejidos cerebrales están compuestos por multitud de células, entre ellas las famosas neuronas. Todas estas células forman el sustrato físico que permite que la información se desplace.

Un tema muy interesante es que no se sabe todavía cuánta de la información que contiene el cerebro está fijada, como en un libro, y cuánta es volátil, sostenida tan solo por impulsos eléctricos que se copian. Se cree que el cerebro tiene mecanismos para recordar información durante poco tiempo, la memoria a corto plazo, y otros para “grabar” de forma más fija información que necesita ser recordada a largo plazo. Antes se creía que la información estaba toda únicamente en los impulsos eléctricos que se transmiten las neuronas, pero se ha ido descubriendo que éste es solo un mecanismo, pero hay muchos otros. Algunos aspectos, como el temperamento o la excitabilidad, parecen ser más fijos, más hardware, pero incluso estos son mucho más soft de lo que se pensaba tiempo atrás. Las neuronas tienen la capacidad de cambiar los “cables” que las conectan entre sí, de manera que hay información que se guarda porque las propias conexiones cambian: aumentan o disminuyen. Parece que hay partes de nosotros que funcionan más como una lavadora, a piñón fijo, sin mucha posibilidad de cambio, y otras que funcionan más como un ordenador, en las que la información es hasta cierto punto volátil, puede cambiar con facilidad.

Nuestro software

¿Qué información constituye nuestro software? Todo aquello que hemos vivido, fundamentalmente. A lo largo de la vida vamos aprendiendo a partir de la experiencia. Lo que aprendimos en el vientre materno escuchando los sonidos del cuerpo de nuestra madre, su voz, y el ruido del mundo exterior. Lo que aprendimos de bebés al ver el mundo, al jugar con los sonajeros, al mamar, y al llorar y ver las respuestas que nuestro llanto suscitaban en nuestro entorno. Lo que aprendimos de pequeños con nuestros padres y otros familiares, en el colegio. Lo que aprendimos de adolescentes con otros adolescentes. Lo que aprendimos de adultos, en el trabajo, en la pareja, viendo la televisión o yendo a misa, estando en el hospital, pasando penas de prisión, recibiendo premios, haciendo la compra en el supermercado.

El recuerdo y el procesamiento de nuestras experiencias, desde el vientre maternos, constituyen nuestro software, y en gran medida funcionamos por la vida con eso que hemos aprendido. ¿Cómo reaccionan los demás cuándo yo hago tal o cual cosa? ¿Cuando siento esta sensación en mi pecho, o en mi vientre, o en mi garganta, eso qué es? ¿Cómo lo alivio? ¿Qué cosas puedo cambiar y qué cosas no puedo cambiar? ¿En qué otras personas me puedo apoyar? ¿Qué cosas me gustan y qué cosas no me gustan? ¿Qué quiero? ¿Cómo quiero que sea mi vida? ¿Quién soy?

Todo esto es software, información, y como información que es, es susceptible de actualizarse, de hacer cambios en ella. Puedo verme de otra forma, entender mi vida de otra forma, relacionarme con las personas de otra forma. Así como aprendí a hacer las cosas de una manera determinada, puedo reaprender a hacerlas de otra. Puedo incorporar más información, ser más flexible, ganar en sabiduría. La sabiduría, en gran medida, es flexibilidad y capacidad de adaptación. Es intentar que nuestro software se parezca más al de un ordenador que al de una lavadora.

Cuando hacen falta cambios

¿Qué especialistas pueden servir de ayuda cuando hacen falta cambios en nuestro hardware o nuestro software?

Los neurólogos y los neurocirujanos son los médicos encargados de todo aquello que tiene que ver con los “cables” de nuestro sistema nervioso, con lo más físico: nervios y diferentes partes del cerebro. Un neurólogo trata sobre todo los casos en los que hay algún problema físico: un nervio roto por un accidente, una parte del cerebro que no está funcionando bien por una lesión o por alguna alteración como un derrame vascular o un tumor. Al igual que en un ordenador, si los cables no funcionan bien, el cerebro no funciona bien. Podemos tener problemas de movimiento, se nos pueden alterar los sentidos, incluso puede dejar de funcionarnos la memoria o podemos comportarnos de manera extraña. El famoso libro El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, de Oliver Sacks, da muchos ejemplos de comportamientos extraños producidos por trastornos de tipo neurológico.

Los psiquiatras son también médicos, es decir, han estudiado la carrera de Medicina. La Psiquiatría es la parte de la medicina que trata los trastornos mentales. Por decir así, los psiquiatras están a caballo entre el hardware y el software. Los psiquiatras no operan ni tratan directamente con los nervios de las personas, pero sí pueden recetar psicofármacos. Los psicofármacos actúan sobre el hardware (en concreto, sobre los productos químicos que tenemos en el sistema nervioso) y producen cambios en el el funcionamiento del cerebro: los antidepresivos alivian la depresión, los ansiolíticos alivian la ansiedad, los antipsicóticos reducen los llamados síntomas positivos de las enfermedades mentales más graves (alucinaciones, delirios, etc.), los narcolépticos inducen el sueño, etc. En muchos casos, los problemas de hardware, aunque sean pequeños, pueden producir grandes efectos en el comportamiento o en la manera de sentirse. Un ejemplo bien evidente de esto lo podemos experimentar nosotros mismos con un par de copas de más. La alteración de nuestro hardware nos puede condicionar muchísimo y hay patologías psiquiátricas que necesitan tratamiento farmacológico.

Por otro lado, la mayoría de los síntomas psiquiátricos, aunque tengan una base física, tienen un gran impacto en la vida de las personas y afectan necesariamente a cómo la persona se entiende a sí misma, cómo organiza su vida, cómo cree que la ven los demás, cómo se siente y qué hace con lo que siente. Los psiquiatras, por tanto, no suelen restringirse, o no deberían, a recetar psicofármacos, sino que han de utilizar también algún tipo de psicoterapia, que es lo que va dirigido a atender al software de la persona. Por poner un ejemplo, a menudo no basta con reducir la ansiedad a una persona mediante ansiolíticos. Hace falta también ayudarla a aprender a llevar su vida de manera que le produzca menos ansiedad. Los psicofármacos, con contadas excepciones en los casos más graves, deberían ser un apoyo para salir de una situación puntual de dificultad, y no convertirse en una medicación crónica. Aunque la formación de los psiquiatras es sobre todo médica (y no incluye la psicoterapia) muchos de ellos se forman también en alguna escuela de psicoterapia: terapia cognitivo-conductual, psicoanálisis, terapia sistémica, terapia gestalt, etc.

Los psicólogos centramos nuestro trabajo en el software de las personas. No somos médicos, de manera que no podemos recetar medicamentos. Cuando un paciente nuestro necesita alguna medicación lo remitimos a un psiquiatra. A menudo hay equipos de psicólogos y psiquiatras que trabajan juntos. Dentro de los estudios universitarios de Psicología hay varias especialidades: psicología de la educación, psicología del trabajo, psicología clínica, etc. Se llama “clínica” a la parte de la psicología que trata a las personas y sus cuestiones vitales. (La psicología de la educación, por ejemplo, se centra en los procesos educativos, la escuela, el aprendizaje, etc.) La carrera de Psicología, por lo menos en España hoy por hoy, da una formación en psicoterapia muy pobre, y por eso los psicólogos suelen realizar también formaciones adicionales además de los estudios universitarios.

El trabajo de psicoterapia, por tanto, es el que se realiza sobre el software de las personas, es decir, sobre cómo llevan su vida, qué sienten, cómo se relacionan con los demás, cómo son sus familias, sus amigos y sus entornos de trabajo, qué dificultades tienen, qué sentimientos, qué forma de entenderse a sí mismos y a los demás, qué historia. La psicoterapia no usa medicamentos sino herramientas de software: sobre todo hablar, ser escuchados, tener la posibilidad de explicar quiénes somos, de reflexionar con ayuda sobre nuestra vida y qué queremos y podemos hacer con ella. La psicoterapia puede también usar las artes plásticas y dibujar, esculpir, o hacer representaciones de cómo nos sentimos; puede usar la música para poder expresar y para poder sentir; puede usar el teatro para ver qué personajes interpretamos en la vida, o el cine para ver en otros cosas que quizá no vemos en nosotros mismos; puede usar el juego. El objetivo es desrigidificar, hacer nuestro software más flexible, más capaz de encontrar soluciones creativas para nuestras vidas y no estar encerrados en soluciones antiguas. Simplificando mucho, el objetivo es que nos parezcamos más un ordenador conectado a internet que a una lavadora.

Más capítulos de esta serie:

  1. ¿Somos ordenadores conectados a en red?
  2. Estamos en relación: el ordenador conectado a internet
  3. Psicología, Psiquiatría, Neurología: El software y el hardware
  4. La ansiedad: cuando el sistema se sobrecarga
  5. La depresión: cuando el sistema se para
  6. Cómo aprendemos: la instalación del software
  7. Los viejos patrones: el software obsoleto
  8. Las historias inconclusas: cuando el software se cuelga
  9. Las somatizaciones: cuando el software afecta al hardware
  10. Cuando ambos esperan que empiece el otro: el interbloqueo

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