Hola, soy Carmen. El texto que va a continuación originalmente se lo escribí a mi hermano. Fue un intenso ejercicio de síntesis y de deseo de hacerme entender en mi entusiasmo por la terapia.
Mi objetivo era y es explicar de forma sencilla una teoría que me ha supuesto un gran esfuerzo integrar. La he ido elaborando, masticando, entre cursos de formación y sesiones de terapia personal. A lo largo de este trabajo he intentado enlazar teoría y práctica en sus cuestiones más básicas.
Creo que voy a necesitar un orden.
En qué consiste la psicoterapia
Es un método para que alguien que necesita ayuda psicológica pueda pedirla a alguien que se ofrece a dársela y con quien establece una relación bajo un código deontológico.
Esta es una definición genérica que no dice gran cosa del contenido y el sentido específico que tiene para mí, pero eso es algo importante para destacar, porque psicoterapias hay muchas y son muy diferentes. En Psicología (y en todas las ciencias) se elaboran teorías que sirven para ayudarnos a entender las experiencias que vivimos. Son teorías con las cuales elaborar hipótesis de trabajo, métodos y técnicas que han de ser coherentes con éstas teorías.
Cada teoría lleva una forma específica de comprender el mundo y el ser humano
Por poner un ejemplo comparativo conocido, la teoría psicoanalítica entiende que el hombre tiene una energía vital que proviene de sus pulsiones e instintos y que es algo “animal” que la sociedad con su educación procuran domar para que su comportamiento sea adaptativo y la vida social sea posible. De alguna manera se desprende de esto que el hombre está en lucha permanente entre él como individuo y la sociedad como su represora. Son entidades separadas y en conflicto.
Para la teoría de la Gestalt el punto de partida es muy diferente, dice que “organismo y entorno son indisociables” y esto significa que somos siempre en relación con lo que nos rodea:
- Nada ni nadie existe aislado. No tiene sentido hablar de comer sin mencionar la comida.
- Soy quien soy por lo que he vivido en contacto con lo que me ha acompañado en mi vida hasta ahora. Crecemos asimilando, alimentándonos de lo que nos rodea, respirando, comiendo, leyendo, viendo, hablando, peleando, etc.
- Me siento diferente según dónde y con quién esté. Nada me ocurre que no implique a mi entorno y nada ocurre en mi entorno que no me afecte. Constantemente estamos siendo afectados desde las formas más sutiles a las más notorias, desde la disminución de la cantidad de oxígeno en el aire, que nos hace tener que respirar más, hasta un empujón que nos tira al suelo. Y nada permanece igual en mi presencia, desde la más mínima influencia de estar ocupando un espacio, hasta hacer que tú estés ocupado en leer lo que yo escribo.
¿Qué estudia la psicología de la terapia Gestalt?
Estudia cómo ocurren esos contactos en nosotros, cómo hacemos para alimentarnos de nuestro entorno, no solo en el sentido físico, sino también en el emocional, intelectual y espiritual. Cómo nos las arreglamos para crecer. Qué favorece mi crecimiento ahora. Cuál es el siguiente paso para dar en esa dirección.
El objetivo es ampliar las posibilidades, los modos de contacto con nuestro entorno. Quizás esto te parezca un poco simplón. Si pensamos en que todos hemos llegado hasta aquí y estamos vivos, es porque hemos hecho esto. Esta es también una de las características propias de la terapia Gestalt, se centra en los funcionamientos normales, sanos. Y una de las cualidades que nos caracterizan a las personas es nuestra capacidad de preservarnos, de sobrevivir (aunque no siempre de la manera que más nos conviene).
Lo que ocurre en ocasiones es que interrumpimos este proceso. Podemos hacer esto de formas muy creativas, pero bastante perjudiciales para nuestra calidad de vida, por diferentes motivos, normalmente razonables y comprensibles. Todo lo que hacemos, por descabellado que nos parezca ahora, hubo un momento en nuestra vida en el que aprendimos a hacerlo porque era lo mejor que podíamos hacer con lo que teníamos en ese momento. Lo que nos causa problemas es seguir actuando de esa manera fijada, sin tener en cuenta que las condiciones han cambiado.
¿Cómo se trabaja en terapia Gestalt?
Hay terapias que buscan en un pasado traumático el origen de nuestros “problemas” y en ellas el terapeuta trabaja buscando estos traumas, ayudado de las interpretaciones que hace de lo que el paciente va contando, hasta que éste reinterpreta su vida satisfactoriamente.
Otras se orientan hacia el futuro, dando fórmulas y consejos para que hagamos nuestra conducta más adaptativa.
El terapeuta Gestalt ha de estar centrado en el presente. Es en el presente donde se hacen los contactos nutritivos que nos ayudan a crecer, y es creciendo sesión a sesión, teniendo la experiencia vivida, la experiencia de no interrumpir el contacto que nos enriquece, que aprendemos a alimentarnos de nuestro entorno también fuera del contexto terapéutico.
En mi experiencia, por ejemplo, recuerdo que un día le comenté a mi terapeuta que tenía miedo de ser demasiado intrusiva con algunas personas. ¿Intrusiva cómo?, me preguntó. Temo empujarlas demasiado, contesté yo. Entonces se puso de pie delante de mí y me dijo: “hazlo, empújame”. Y lo hice. En ese ejercicio descubrí muchas cosas, una de las más importantes fue que ella estaba allí, y no se iba a dejar empujar sin más, y por tanto, que cuando yo intente “empujar” (metafóricamente) a alguien, ese alguien no va a desaparecer. Se trata de que yo vea que está ahí, que no está a mi merced, que cuente con lo que tenga que decirme, que mi posible empuje no es lo único que hay, el otro también está.
Pude tener esta experiencia porque ella estuvo ahí, y eso era lo contrario a mi interrupción del contacto, que consistía en no contar con que el entorno podría soportar mi “empuje”.
Lo terapéutico es vivir lo sano en la experiencia, para poder integrarlo en nuestra vida.
En este momento me pregunto si quizás no resulte muy evidente el sentido de esta experiencia para alguien que no soy yo. Quizás te resulte extraña una terapia en la que el terapeuta pide que le empujen, y el paciente va y empuja y descubre muchas cosas. A lo mejor estás pensando que empujar, sea metafóricamente o no, no está bonito, y qué valiente aprendizaje el mío.
Es posible, porque creo que faltan muchas cosas que explicar aún.
La sana agresividad
Cuando nos alimentamos estamos “agrediendo” el entorno, cuando nos comemos una manzana, al masticarla la agredimos. Es sano e imprescindible.
En terapia Gestalt entendemos “agredir” como “ir hacia”. Cuando estudiamos una materia para aprenderla, necesitamos agredirla, ir hacia ella, desmenuzarla, reelaborarla, ponerla en nuestras palabras para poder asimilarla. Ese está siendo ahora mi intento con esto que te escribo.
Constantemente destruimos lo viejo para construir lo nuevo y crecer.
La relación terapéutica
Una de las cosas que siento que es necesario considerar, es que esto que te contaba de mi sesión terapéutica no ocurrió en los primeros días de la terapia. Llevábamos trabajando juntas más de un año, ya habíamos construido una relación de confianza, una confianza basada en algo nuevo también para mí. No es solo que nos conocemos y sabemos de nuestros buenos sentimientos. No se trata de creer en que “ella siempre me escuchará”, sino saber que juntas podemos atravesar momentos difíciles, incluso difíciles entre nosotras y permanecer presentes.
Otro aspecto relevante en la relación terapéutica en nuestro enfoque es que no consideramos que el terapeuta sea “el experto” sobre lo que le pasa al paciente. Procuramos no interpretar, etiquetar o definir en términos prefabricados los “problemas” de las personas. A mí el nombre que más me gusta para describir lo que es el terapeuta es el de “experto explorador”. Nuestra función es buscar, desbrozar con la persona los significados que para ella tienen sentido.
No es fácil retener las interpretaciones. Procuramos no comprender demasiado rápidamente, mantener una posición cándida e ingenua en la escucha del paciente. Esto significa dar espacio y tiempo para abrir nuevas posibilidades.
¿Qué se pretende con la terapia? ¿Qué son nuevas posibilidades?
Cuando antes te decía que nuestra forma de entender a las personas es desde la salud, desde lo no patológico, quería decir que nos fijamos en lo sano para tender a ello pero obviamente no significa que todos estamos perfectos.
Consideramos sanos los contactos que nos hacen crecer y éstos son los que nos hacen asimilar la novedad. Nada que ya hayamos comido nos puede volver a alimentar. Podemos seguir comiendo manzanas, pero no la misma manzana.
La otra característica del contacto sano es que es dinámico. Es un proceso que va desde que surge una necesidad, un deseo que nos hace ir hacia su satisfacción, orientándonos y movilizando los recursos que nos permitan conseguir del entorno eso que deseamos, para poderlo asimilar y que nos permita crecer.
Un ejemplo de este proceso de contacto sano comenzaría al sentir el deseo de aprender a bailar, lo pensamos durante cierto tiempo, sopesamos nuestras posibilidades (económicas, parejas posibles, tiempo disponible, horarios, lugares, etc.) Si seguimos contactando con el deseo, va aumentando la excitación y nos orientamos a buscar el sitio, la pareja, el dinero etc. Todas estas operaciones necesitan energía por nuestra parte y correr ciertos riesgos de equivocarnos, que vamos a asumir. Y por fin llega el día de la primera clase, donde poder disfrutar, o no. Lo saludable del proceso no es simplemente que nos salga bien, sino que nos impliquemos plenamente, si es disfrutando o pasándolo mal no es lo importante. El sufrimiento también puede ser nutritivo y puede enseñarnos cosas que nos transforman y nos hacen crecer.
Abrir nuevas posibilidades es permitir, propiciar que esto pueda ocurrir.
Las interrupciones, los “problemas”
La esencia de la vida está en el movimiento. Nada que está vivo es inmóvil.
El mismo ejemplo de contacto saludable de antes, el aprender a bailar, puede servirme para explicar las posibles interrupciones que se pueden dar:
En primer lugar, no sentir el deseo. No te mueves. No es que no te guste bailar (eso no sería un problema), es que no sientes el gusanillo, la chispa, te sientes seguro no sintiendo deseo.
La siguiente interrupción posible sería que en el momento en el empiezas a sentir una cierta excitación, en lugar de seguirla no te lo planteas porque quizás tus padres siempre han dicho que el dinero hay que guardarlo para cosas más importantes y, convencido de estar haciendo lo que quieres, ahorras el dinero. No te mueves. El acto de cambiar tu deseo por el de otro es la introyección y el contenido de ese deseo no propio es un introyecto.
Cuando aceptas tus ganas de aprender a bailar y empiezas a buscar información sobre cómo hacerlo, empiezas a sentir emoción. Si la interrupción se produce en esta etapa, el resultado es una proyección. Esta emoción empieza a flotar en un aire enrarecido, la profesora de la academia parece antipática, o la posible pareja va a rechazarte, algo te indica que esto no va a funcionar. No te mueves.
Supongamos ahora que has mantenido tu deseo y has hecho lo necesario para acudir a las clases. En el momento de ponerte a bailar con la pareja que has buscado empiezas a pensar que le vas a pisar, que eres muy torpe, que no puedes hacerle eso a esa chica tan maja, en lugar de bailar con ella, decides bailar solo. Esto es una retroflexión, un acto de autocontrol deliberado en una situación difícil en la que concluyes que solo puedes contar contigo. No te mueves hacia el entorno.
Aunque lleguemos a bailar con nuestra pareja es posible interrumpir el contacto si al bailar lo hacemos sin relajar el control o la vigilancia, no siendo espontáneos en nuestro aprender a bailar. Nos ponemos rígidos, convertimos el acto de bailar en un aburrimiento. En realidad no aprendes a bailar. Esto es el egotismo.
En realidad todos estos mecanismos de interrupción del proceso existen porque tienen una función sana, por ejemplo:
La introyección es el mecanismo con el que aprendemos las normas sociales, o las técnicas nuevas de hacer algo. Asumimos que es dándole la vuelta a la llave como se abren las puertas y que pegarle a la gente trae problemas, y automatizamos estos aprendizajes. El problema surge cuando usamos automatismos para alejarnos de nuestro crecimiento y sin poder hacer una elección.
La proyección también es indispensable. Con ella establecemos correlaciones intuitivas, inferencias, en los primeros acercamientos con gente que no conocemos. Se convierte en dañina cuando lo que ponemos fuera es nuestro y no lo sabemos.
El mecanismo de retroflectar es apropiado cuando verdaderamente nuestro entorno no puede soportar nuestra acción, o si nos sirve para retenerla hasta encontrar un lugar adecuado donde ponerla. A veces es mejor bailar solo hasta que llega tu pareja de baile con quien te sientes bien.
El egotismo sano es prudencia, asegurarte de que tu entorno es de fiar, antes de dejar de controlar, es cuidarte.
A lo que llamamos neurosis es a la interrupción fija de la secuencia de contacto, es decir, perder la flexibilidad, la capacidad de elección sobre qué y cómo hacer en nuestra vida.
Cómo recuperar la capacidad de elegir
Para hacer una elección es fundamental saber cuáles son las opciones disponibles. Si te dieran a elegir un viaje, sería importante saber con qué cuentas, y cuando los límites estuvieran claros, con lo posible, elegir. Seguramente elegirás según tres criterios: tus deseos, los lugares posibles, y lo que crees que es más correcto. Si no tienes en cuenta alguno de los criterios puedes acabar sintiéndote mal.
A veces nos pensamos que estamos eligiendo y no estamos contactando de verdad con lo que deseamos, sino con lo que se nos impone desde fuera o con lo que hemos aprendido que “tenemos que hacer”. Es muy complejo a veces, sobretodo porque nos cuesta distinguir entre los criterios que utilizamos y los que querríamos utilizar.
En terapia procuramos traer conciencia a lo que nos dicen nuestras sensaciones, las propias y las del entorno y dándonos cuenta de las emociones que surgen, también de nuestros pensamientos, asociaciones, sentimientos de culpa, de obligación. Intentamos mirar cuestionándonos cómo y dónde las cosas para nosotros dejan de ser posibles, flexibles, y se fijan.
No es tanto hacer siempre lo que deseamos, ni lo que nos digan ni “lo correcto”, sino de que sepamos en qué consiste cada opción y podamos decidir libremente.
Algo que ha sido importante para mí, para poderme sentir libre a la hora de elegir, ha sido sentirme apoyada.
El apoyo
El apoyo, para la terapia Gestalt, va más allá de encontrar a alguien que te dé la razón o una palmada en la espalda. Es presencia e implicación, es compromiso de crear con el otro.
A veces apoyar es confrontar, otras es escuchar en silencio, otras preguntar, hay muchas formas diferentes según la situación.
Recuerdo que al empezar la formación, el primer día en un grupo de dieciocho personas, bastantes desconocidas y con “el maestro” Jean Marie por primera vez delante, yo estaba ansiosa, todos estábamos callados como tumbas y él callaba también. Todos nos mirábamos unos más descaradamente que otros, y el hombre se descuelga con una pregunta sorprendente “¿De qué está hecho vuestro silencio?” La excitación aumentó, y con ella mi ansiedad. Lo que me resultó muy curioso fue que en el momento en el que él se ofreció para que le hiciéramos preguntas, a mí me desapareció la ansiedad. Ahora interpreto que el cambio radicaba en que él nos estaba dando el espacio para que también nosotros pudiéramos ir hacia él. El juego iba en las dos direcciones, se estaban estableciendo las bases para que hubiera diálogo para que tuviéramos nuestros espacios, nuestro suelo. Para mí eso es apoyo.
Cuando no sentimos apoyo experimentamos ansiedad, y el trabajo a hacer en la terapia es que el terapeuta pueda ofrecer a su paciente un apoyo disponible suficiente y adecuado. Que juntos puedan permanecer con el conflicto aparentemente insoluble y explorando cada detalle disponible vayan aumentando la consciencia que permita la comprensión.
Volviendo al ejemplo que te contaba antes, cuando le dije a mi terapeuta que sentía miedo de ser demasiado intrusiva con algunas personas, recuerdo que estuvimos explorando juntas durante un rato qué significaba para mí ser intrusiva, luego lo representamos físicamente, el empujar. Recuerdo que estuve un tiempo de pie delante de ella y luego me coloqué detrás. En realidad no la empujé, sino que me colgué de ella intentando mostrar la sensación que yo más asociaba con empujar al otro, que en la experimentación resultaba ser un empuje hacia abajo más parecido a ser un fardo que a empujar. Todo esto trajo a mi presente en ese momento una serie de asociaciones de cómo me había sentido pesada para algunas personas y cómo había aprendido a retirarme y a no confiar en que el otro me pudiera sostener.
Y lo que yo creo que me permite hacer un cambio con esto es que pude contactar con la experiencia dolorosa de “sentirme una pesada” y comprender lo que no quería volver a hacer. Al mismo tiempo, con mi terapeuta estaba teniendo la experiencia de que ella estaba ahí y que no iba a aceptar tontamente una carga que no quisiera llevar, era capaz de soportar peso, no se iba a hundir, pero no se iba a dejar aplastar sin defenderse-desplazarse si lo necesitaba. Y lo que es más, me preguntaba cómo estaba siendo para mí sin olvidarse de cómo estaba siendo para ella.
Me chifla, me entusiasma darme cuenta de que puedo comprender cómo he llegado a donde estoy y decidir caminar hacia otro sitio. La fe ha crecido en mí, gracias al apoyo que he recibido. Y ahora te voy a endosar una cita que ha estado presente en mi cabeza muchas veces y me llena de emoción.
“La fe es saber, más allá de la simple consciencia, que si se da un paso más, seguirá habiendo un suelo bajo nuestros pies”.
Y gracias a la fe puedo permitirme ir hacia el mundo, caminar un poco más allá de los límites de lo conocido, mirar hacia mí con respeto, que me ayuda a construir el respeto hacia los otros, que revierte en mí y así, día a día, ir construyendo suelo sobre el que seguir caminando, creciendo, creando con,… cocreando.
Hola, creo que este es un resumen muy completo y didáctico acerca de la terapia Gestalt. Enhorabuena. Para mí, una de las virtudes que tiene la Gestalt es lo “natural” que es. Un cordial saludo,
José I. Marina, de sermasyo.es
Me han gustado mucho las palabras del “hola” a la terapia Gestalt, hace casi un año yo también he abierto esa puerta y me parece ha sido una elección hermosa y muy rica, me siento acompañada en ese camino, y el poder al menos intentar pisar suelos desconocidos antes para mí me genera una emoción intensa y muy entusiasmante.
Sigo buscando, sigo caminando.
Un saludo.
Victoria.