Estoy en la arena. Playa de la Patacona. Domingo. La brisilla me da por la cara, por la espalda. Es temprano. El mar tranquilo, también dejándose acariciar por el sol y la brisa. Su sonido me llena, como siempre, me da paz. La gente pasa por delante de mí, corriendo, paseando. Mi perra escarba. Yo observo. Procuro estar en blanco y dejarme llevar. Es una sensación que me gusta. No pensar, sólo estar, dejar que sean los sentidos los que hablen, los que me enseñen.